La lechería crece en producción pero los tambos enfrentan números cada vez más rojos
💰 Economíaviernes, 5 de junio de 2026· 4 min de lectura

La lechería crece en producción pero los tambos enfrentan números cada vez más rojos

Cóndor Noticias·Mendoza, Argentina

Sube la producción y las exportaciones lácteas, pero los tamberos pierden rentabilidad. El precio al productor cayó 19% real en el primer trimestre.

La lechería argentina vive una contradicción difícil de explicar: mientras la producción y las exportaciones del sector muestran números en alza, los tamberos trabajan con rentabilidad negativa y una situación financiera que se deteriora mes a mes. El precio pagado al productor, ajustado por inflación, retrocedió un 19% interanual durante el primer trimestre de 2025, según datos relevados por Clarín.

La paradoja pone en evidencia un problema estructural que no es nuevo pero que se profundiza: el eslabón primario de la cadena láctea es el que menos captura del valor que genera. Y cuando los costos suben más rápido que los ingresos, el resultado es un rojo que se acumula y compromete la sostenibilidad de la actividad.

Una ecuación que no cierra

El dato más elocuente es la caída real del precio que recibe el tambero por su leche. Ese retroceso del 19% interanual no se explica por una baja en la demanda del producto, sino por una dinámica de costos crecientes combinada con un precio de venta que no acompaña. En términos simples: producir leche cuesta cada vez más, pero lo que se paga por ella no sube al mismo ritmo.

Esta situación genera una rentabilidad negativa que afecta directamente la capacidad de inversión y mantenimiento de los establecimientos. Un tambo que opera en rojo durante meses seguidos no puede renovar equipamiento, mejorar genética ni sostener las condiciones sanitarias que la actividad exige.

El problema no es solo coyuntural. Se trata de una tendencia que se viene consolidando y que, si no se revierte, puede derivar en el cierre de más tambos, especialmente los de menor escala.

La brecha entre el campo y la góndola

Otro factor clave que explica la crisis es la caída en la participación del tambero en el precio final de los productos lácteos. Es decir, de lo que el consumidor paga por un sachet de leche, un yogur o un queso, al productor primario le llega una porción cada vez menor.

Esta brecha entre el precio en tranquera y el precio en góndola se amplía por múltiples razones: costos logísticos, márgenes industriales, presión impositiva y la propia dinámica comercial del sector. Pero el resultado neto es siempre el mismo: el tambero queda en la posición más vulnerable de toda la cadena.

La situación resulta especialmente frustrante si se tiene en cuenta que la producción total de leche viene en aumento. Argentina está produciendo más, exportando más y, sin embargo, quienes sostienen la base productiva ven cómo sus ingresos se achican en términos reales.

El peso del endeudamiento

A la rentabilidad negativa y la pérdida de participación en el precio final se suma un tercer factor que complica el panorama: el mayor endeudamiento de los productores tamberos. Para sostener la actividad en un contexto de márgenes negativos, muchos establecimientos recurren al crédito, lo que genera un círculo vicioso difícil de romper.

Cuando un tambo se endeuda para cubrir costos operativos —y no para invertir en mejoras productivas— la situación se vuelve insostenible en el mediano plazo. Los intereses se acumulan, la capacidad de repago se reduce y la presión financiera termina por ahogar al productor.

Este fenómeno no es exclusivo de los tambos más chicos. También afecta a establecimientos medianos que, hasta hace poco, lograban mantenerse en equilibrio pero que ahora ven cómo sus números se tiñen de rojo.

Producción en alza, sector en crisis

La paradoja central de la lechería argentina en 2025 es que los indicadores macro del sector —producción total, volumen exportado, presencia en mercados internacionales— muestran una actividad en crecimiento. Pero detrás de esos números hay una base productiva que se resquebraja.

Históricamente, la Argentina ha perdido tambos de manera sostenida. Cada crisis acelera ese proceso de concentración, donde los establecimientos que cierran no vuelven a abrir y su producción es absorbida —parcialmente— por los que sobreviven. El riesgo es que este ciclo se profundice y que la capacidad instalada del país para producir leche se reduzca de manera irreversible.

Para las economías regionales, incluida la de Mendoza y el Valle de Uco, la situación del sector lácteo es un espejo de lo que ocurre en otras cadenas agroindustriales: el productor primario queda atrapado entre costos dolarizados, precios que no acompañan y una macroeconomía que no siempre juega a favor.

Qué puede pasar de acá en adelante

El futuro inmediato del sector depende de varias variables. Por un lado, de la evolución de los costos de producción —alimentación del ganado, energía, mano de obra— que en los últimos meses han subido por encima de la inflación general. Por otro, de la capacidad de la industria y el comercio para trasladar al consumidor final eventuales recomposiciones de precio sin que eso deprima la demanda.

También juega un rol central la política pública. Medidas como la reducción de retenciones, líneas de crédito a tasa subsidiada o mecanismos de compensación para el productor primario son herramientas que pueden aliviar la presión en el corto plazo, aunque no resuelven los problemas de fondo.

Lo cierto es que la lechería argentina enfrenta un momento bisagra. Crece en volumen pero se achica en rentabilidad, y esa ecuación no puede sostenerse indefinidamente sin consecuencias graves para toda la cadena, desde el tambo hasta la mesa del consumidor.

La información fue publicada originalmente por el diario Clarín.

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