Qué sabe Mendoza del terreno donde construye sus casas

¿Conocemos bien el suelo mendocino frente a sismos? Un especialista en geotecnia explica por qué el terreno puede amplificar daños.
Mientras Mendoza debate los estándares del nuevo Código Unificado de Edificación, hay una variable técnica que muchos ignoran: el comportamiento del suelo frente a un sismo. Dos construcciones con diseño idéntico pueden responder de formas radicalmente distintas según las características geológicas del terreno donde se asientan.
Esa realidad es el centro de atención del doctor en ingeniería de sistemas civiles Manuel Barbagelata, especialista en geotecnia sísmica, quien analiza por qué el conocimiento del subsuelo mendocino es tan determinante para garantizar la seguridad estructural de las construcciones.
Un siglo de terremotos como maestra
Mendoza, junto con San Juan y el noroeste argentino, está entre las regiones de mayor actividad sísmica del país. Esa realidad marcó su historia de construcción desde el terremoto de 1861, que funcionó como advertencia fundacional para desarrollar regulaciones específicas.
La provincia comenzó a transformar su experiencia sísmica en normas concretas desde principios del siglo XX. El primer hito importante llegó en 1927, cuando la Ordenanza 1101 de la Ciudad de Mendoza estableció las primeras "Normas Generales de Cálculo sobre Temblores". Ese decreto marcó el pasaje desde la construcción empírica hacia la regulación formal de edificios sismorresistentes.
De las normas locales a los criterios nacionales
La regulación continuó evolucionando durante las décadas siguientes a través de disposiciones técnicas y aportes de organismos profesionales. El punto de inflexión llegó en 1972, con la creación del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), que sistematizó la investigación sísmica en todo el país y aportó criterios técnicos unificados.
La provincia vivió otro terremoto devastador en 1985. Tres años después, en 1987, el Poder Ejecutivo de Mendoza firmó el Decreto Nº 4235/87, aprobando el Código de Construcciones Sismorresistentes de Mendoza (CCSR/87). Esa norma fijó criterios de diseño estructural basados en la peligrosidad sísmica específica del territorio mendocino.
El terreno como variable invisible
Lo que pocos cuestionan es qué tanto sabemos realmente sobre el suelo donde construimos. En la ingeniería sísmica, las condiciones del terreno resultan determinantes a la hora de predecir cómo responderá una estructura ante un evento sísmico. Un edificio puede estar perfectamente diseñado según las normas, pero si el suelo presenta características problemáticas, los daños pueden amplificarse significativamente.
Este es el aspecto central que Barbagelata enfatiza: mientras el debate legislativo se enfoca en la letra de las normas constructivas, hay una pregunta más profunda que debe responderse. ¿Contamos con estudios geotécnicos detallados de las zonas donde se construye? ¿Conocemos las propiedades sísmicas específicas del suelo en diferentes sectores de la provincia?
El desafío pendiente
Mendoza tiene una larga historia de regulación sísmica, pero el conocimiento del subsuelo sigue siendo un factor que no siempre recibe la atención que merece. El nuevo Código Unificado de Edificación es una oportunidad para incorporar ese conocimiento de manera más sistémica en los procesos de construcción.
La provincia avanzó mucho desde aquella Ordenanza de 1927 hasta el CCSR/87. Ahora el desafío es integrar el conocimiento geotécnico de manera más profunda en los nuevos estándares. De esa integración dependerá que las construcciones futuras no solo cumplan con normas formales, sino que realmente resistan lo que el terreno mendocino, tan sísmicamente activo, pueda exigirles.
¿Qué tanto influye el terreno en la resistencia sísmica? Conocé la respuesta de los expertos.
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