Las escuelas agrícolas de Mendoza: historia de una respuesta a la crisis


En 1939, Mendoza creó escuelas técnicas agrícolas para diversificar su economía tras la crisis vitivinícola de 1930.
Hace casi un siglo, Mendoza enfrentó una de sus mayores crisis económicas. La sobreproducción vitivinícola de los años treinta desplomó los precios y obligó al Estado nacional a intervenir con organismos reguladores que limitaron la producción. Fue en ese contexto donde nació una estrategia provincial que cambiaría el futuro de la región: la creación de escuelas técnicas agrícolas para formar mano de obra especializada.
La investigadora Ivana Hirschegger, doctora en Historia del INCIHUSA-CONICET, reconstruye este proceso que refleja cómo la educación técnica se convirtió en herramienta de transformación económica y social. Su análisis revela que las escuelas agro-técnicas no fueron apenas instituciones educativas, sino piezas clave de una política estatal de diversificación productiva.
El contexto de crisis y diversificación
A mediados de la década de 1930, la vitivinicultura mendocina atravesaba un colapso sin precedentes. La caída de precios obligó al gobierno nacional a crear organismos reguladores para limitar la producción y equilibrar el mercado. Fue entonces cuando el gobierno provincial decidió no depender exclusivamente de un sector y promovió una política de diversificación hacia la fruticultura, la horticultura, la olivicultura y las explotaciones de granja.
Sin embargo, había un obstáculo importante: la falta de trabajadores capacitados. Producir frutas, hortalizas y otros productos requería técnicas específicas que la mano de obra disponible no poseía. Era evidente que la enseñanza agrícola debía ser considerada una pieza fundamental para mejorar la producción.
La Ley Provincial que transformó la educación
En 1939, la Ley Provincial Nº 1378 creó las Escuelas Técnicas Regionales de Oficio con el objetivo claro de formar trabajadores especializados, capataces y técnicos prácticos en las actividades productivas más relevantes de cada micro-región.
Dos años después, en 1941, fue inaugurada la Escuela Técnica de Industria de Granja de Rivadavia. Su programa estaba orientado a horticultura, arboricultura, avicultura, apicultura, cunicultura, sericultura y ganadería. Lo significativo fue que, pese a ubicarse en una región netamente vitivinícola, la escuela enfatizaba actividades alternativas. Este énfasis reflejaba claramente la política de diversificación que impulsaba el Estado.

Ese mismo año comenzó sus actividades la Escuela Técnica Agrícola de San Rafael, hoy denominada Pascual Iaccarini. Estaba dedicada especialmente a la fruticultura, enseñando técnicas de producción y procesamiento de frutas, pero extendía sus contenidos a la horticultura, viticultura, olivicultura e industrias de granja. Con el tiempo, incorporó materias orientadas a la sanidad vegetal para enfrentar los problemas ocasionados por plagas y enfermedades.
Nuevas escuelas, nuevas especialidades
Tres años después, en 1944, fue creada la Escuela Técnico Agraria Miguel Amado Pouget en Guaymallén, especializada en viticultura, floricultura y horticultura. Sus programas incluían producción de frutas, hortalizas, vid, actividades prácticas de granja y talleres especializados.
Esta red de instituciones emergentes no fue casualidad ni improvisación. Cada escuela fue ubicada estratégicamente en zonas de importancia productiva y diseñada para responder a las necesidades específicas de su micro-región. Rivadavia, en el Este, recibía formación en actividades diversas. San Rafael, en el Sur, se enfocaba en frutas. Guaymallén, más cercana al centro, balanceaba viticultura con otras actividades.
El desafío de la continuidad
Aunque estas instituciones se propusieron como soluciones a una crisis inmediata, enfrentaron obstáculos estructurales. La deserción estudiantil y la falta de presupuesto fueron problemas recurrentes que limitaron su impacto. No obstante, a lo largo de las décadas, demostraron ser canales efectivos para formar personal calificado que alimentó la economía provincial.
Hoy, casi ochenta años después de su creación, estas escuelas siguen vigentes. Sin embargo, enfrentan nuevos desafíos. El contexto económico cambió, la tecnología avanzó, y las demandas del mercado laboral se transformaron. Pero su legado permanece: fueron respuesta inteligente a una crisis, herramienta de transformación productiva y generador de oportunidades para miles de jóvenes mendocinos.
La historia de estas instituciones recuerda que en momentos de crisis, la inversión en educación técnica y el reconocimiento de la importancia de la capacitación laboral pueden ser estrategias efectivas para diversificar economías, reducir dependencias y crear bases sólidas para el desarrollo provincial.
Conocé la historia de las instituciones que transformaron la educación agrícola mendocina.
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